Siempre he vivido rodeada de niños pequeños.Aún hoy busco la compañia de pequeñas personitas en mi vida. Formar parte de un voluntariado que trabaja con niños de edades comprendidas entre 3 y 5 años, hace que recuerde y me retroalimente en esa inocencia , esa forma tan especial de entender esas enormes y a veces absurdas preocupaciones adultas.
Son a veces esas preocupaciones de adultos las que provocan que muchos niños dejen de ser niños.Los niños tienen la habilidad de crear mundos paralelos a su realidad, el problema aparece cuando en su mundo hay ecos de su realidad. Esto provoca el comienzo de ese camino hacia la pérdida de la infancia.
Donde viven los monstruos (2009, Spike Jonze) es una película que refleja la realidad de esta situación..
Max es, en esta adaptación, víctima del divorcio de sus padres, de la
indiferencia de su hermana y de un sentimiento de soledad cada vez más
maduro que a toda costa quiere evitar.
Tras una discusión fortísima con su madre , escapa mentalmente a una isla donde viven
“salvajes como él”. Una isla habitada por monstruos que están deseando
que alguien les lidere y les ponga las pilas. Max se presenta como un
rey del mundo de donde procede, y con la promesa de hacerles felices.
¿Qué
niño no es el rey del mundo cuando juega a los Playmobil, a los Lego, o
monta un Mecano? Él dice todo lo que hay que hacer, impone su
moral y juega con verdades absolutas que los monstruos desconocían. El
problema viene cuando en el mundo de los monstruos, hay ecos de la vida
real de Max

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